Aplausos a nuestros héroes

¡¡ Por favor, no os lo perdáis, os prometo que esta entrada no es lo que parece por el título pero que os va a hacer estremecer de la cabeza a los pies… desde el alma al corazón pasando por la piel !!

Probablemente algunos de vosotros ya hayáis leído este texto porque lleva al menos un par de semanas propagándose por las redes… o igual no, porque también es cierto que hay tanto circulando en estas fechas que creo que todos estamos ya un poco saturados y agobiados y tendemos a ir recortando un poco más cada día lo que leemos y lo que no, lo que queremos que nos llegue y lo que no…
En esta ocasión yo no voy a aportar ningún comentario al texto que os adjunto, creo que no lo necesita, habla por sí solo con el lenguaje universal de la razón y el amor… Creo que serán de los minutos más provechosos y aprovechados de los últimos días….
Nota: la reflexión de la imagen del final sí que es mía… 😉 ¡¡Qué difícil no incluir algo a un texto tan inspirador!! 😇 😍 😘

 

Aplauso a una generación de héroes (*)

La gente de mi generación, los que estamos entre los 45 y los 55 años, somos los hijos del baby boom, los más numerosos, la parte central de esa pirámide de población que se terminará convirtiendo en una seta si no se revierte la tendencia. Mis padres, los de mi mujer, los de mis amigos y compañeros de carrera y andanzas nacieron en plena guerra civil o en los durísimos años de la posguerra. No lo tuvieron fácil y salieron adelante en esa España de los cuarenta, cincuenta y sesenta que sabemos que no fue precisamente boyante.

No solo eso, sino que estudiaron (los que pudieron), trabajaron como mulos, se casaron (la mayoría) y tuvieron cuatro, seis, ocho o incluso más niños entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Y nos dieron una formación, unos valores y unos principios que nos han acompañado toda la vida. Claro que fueron estrictos con nosotros, claro que nos insistían con la importancia de estudiar y convertirnos en “hombres y mujeres de provecho”. Se comieron los últimos años de Franco, vivieron la Transición y durante esos años fueron capaces de enseñarnos a mirar hacia delante, de cerrar el pasado y no crear en nuestra generación los dos bandos que sus padres sí vivieron y que tanto daño causaron. Entre mis compañeros de colegio o entre mis hermanos podíamos pensar de una manera u otra, ser más de izquierdas o más de derechas, porque sobre todo nos enseñaron a ser tolerantes y comprensivos con el de al lado.

El país mejoró enormemente mientras nosotros abarrotábamos las universidades, entramos en lo que se llamaba la Comunidad Económica Europea y nos modernizamos en todos los aspectos, y cuando empezaron a jubilarse, después de más de cuarenta años trabajando, muchos de ellos en la misma empresa, sin apenas cambiar de trabajo y sin quejarse jamás, nos dejaron un país cojonudo en el que la maquinaria estaba muy bien engrasada. Con sus defectos, seguro, pero un país sólido, una economía entre las principales potencias y uno de los mejores lugares del mundo para vivir. España funcionaba tan bien que parecía que nuestras máximas preocupaciones eran el lenguaje inclusivo y sacar el cadáver de Franco de debajo de una losa de 6.000 kilos. A mí, a mis amigos más cercanos, a mis hermanos y compañeros de trabajo, lo cierto es que lo que ocurriera con Franco nos la traía floja.

Ahora le toca el turno a los de mi generación. Los que mandamos en las empresas, los que ocupamos los mejores puestos y los que están en el gobierno y la oposición. Pedro Sánchez y Santiago Abascal son de nuestra quinta. Casado, Iglesias e Inés Arrimadas, un poco más jóvenes. Y lo que escuchan nuestros mayores desde hace años es que son un problema para la sociedad porque son muchos, viven más que antes y no vamos a poder seguir pagándoles esas pensiones que en muchos casos son ridículas. Nos han visto crecer sanos, vivir con mucho más de lo que tuvieron ellos, tener pocos hijos o ninguno porque, claro, queríamos vivir la vida, viajar por el mundo y salir siempre como si tuviéramos veinte años.

Nuestros padres apenas pudieron salir de España durante años porque tenían que sacar adelante una familia numerosa mientras nosotros mandamos a nuestros hijos a estudiar a sitios lejanos o nos vamos de vacaciones a la otra parte del mundo. Y nos escuchan decir que no va a haber dinero para las pensiones mientras le compramos el último móvil a nuestros hijos, hijos para los que por supuesto estas cosas carecen de valor porque en muchas familias se les hace creer que es así. Me imagino a muchos de nuestros padres escuchando las noticias y pensando: “no, si yo ya sé que molesto, intentaré irme pronto y sin hacer ruido”. Con su humildad de siempre.

Ahora llega esta terrible pandemia y nos da un sopapo en nuestros morros complacientes. Nos pilla desprevenidos, en pelotas, mirándonos el ombligo o lo que es peor, la pelusa del ombligo del vecino. Para criticarlo. Los mayores de 70 años, nuestros padres, suegros, padres de amigos y compañeros son los que se están llevando las peores consecuencias del virus. Más de 1.400 muertos mientras escribo esto y nosotros preocupados por cómo pasar el encierro entretenidos inventando juegos para nuestros hijos. Les decimos a nuestros padres que se queden en casa, que no podemos ir a verlos, que no podemos darles un abrazo ni despedirnos de ellos, y a veces pienso que es una metáfora cruel del destino para que nos sentemos a reflexionar sobre todo lo que han hecho nuestros padres por nosotros y de qué modo se lo estamos devolviendo. Te quiero, Papá, te quiero, Mamá, sed fuertes y aguantad que os queremos muchos años más a nuestro lado.

Sueño con el momento en que toda esta pesadilla pase y nos pongamos las pilas para estar preparados para la siguiente emergencia, con los medios suficientes para atender a nuestros mayores. Que nos dejemos de guerras estúpidas y nos centremos en devolverles una ínfima parte de lo que ellos nos dieron, que dejemos de derrochar en lo superfluo y de hablar de las pensiones o el gasto médico de la tercera edad como el problema nacional, el marrón irresoluble.

Pero sueño sobre todo con daros un abrazo cuanto antes y sin miedo, sin preocupación, con una sonrisa. Y daros las gracias. Gracias por todo. Porque vivimos muy bien y vuestros nietos también. Y quiero compartirlo con vosotros muchos años más. Por eso esta tarde, a las ocho, cuando salga a la ventana, aplaudiré no solo a los médicos, enfermeros, policía, guardia civil y todos los que se están dejando la piel por nosotros, sino que aplaudiré con fuerza a esa generación de héroes que nos lo dieron todo.

 

MI BURBUJA

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4 pensamientos en “Aplausos a nuestros héroes

    • Ánimo para ti también… lo que digo no siempre son verdades, a veces sólo son sentimientos propios que muchos entienden como suyos también pero puedo asegurarte sin lugar a equivocarme que otros muchos no lo verán así… de todos modos, lo que me anima siempre a seguir escribiendo son vuestros mensajes de ánimo y que mientras lo hago el tiempo pasa y estamos más cerca de la recuperación. Un abrazo enorme.

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  1. Muchas gracias, Ana, por el enlace y por tus reflexiones, tanto al principio como al final del texto, un texto parido con las tripas, vomitado en poco más de una hora. A veces lo más sincero es lo más espontáneo, y creo que esa es la razón por la cual ha circulado tanto y ha tenido tanta difusión. Me alegro por ello, tanto como por toda la gente de la edad de mis padres que se ha sentido reconocida, valorada y reconfortada al leerlo, y así me lo han hecho saber. Un abrazo.

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    • Me alegra encontrar tanta luz en medio de esta oscuridad que nos rodea en estos momentos y tu texto fue un rayo, me fulminó desde que empecé a leerlo… como tú bien dices este tipo de textos se “vomitan” porque parece que te los está dictando alguien, apenas si te da tiempo a ir organizando pensamientos y a corregir algún que otro adjetivo o palabra que te queda repetido por algún lugar pero casi siempre tienen pocas correcciones que realizar cuando los relees y la “primera toma” es la que queda… Un abrazo enorme desde Málaga.

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